El ritmo acelerado asumido por el desarrollo científico técnico en el último siglo ha producido una expansión de los alcances de la acción humana que hasta hace poco hubiera parecido inconcebible. Como consecuencia de ello se ha producido un desfase entre la normativa moral, por un lado, y la capacidad humana de actuar, por otro. Surgen así en la práctica médica cotidiana interrogantes morales inéditas para los profesionales de antaño, nos preguntamos sobre la legitimidad de la prolongación artificial de la vida, hasta donde limitamos el esfuerzo terapéutico, etc. Por otro lado la relación médico-paciente adquiere gran relevancia, se revisan los modelos tradicionales, se imponen nuevas exigencias más allá de la virtud técnica.
La bioética viene a llenar esta carencia, viene a remediar el desfase entre la moral y la reflexión ética producidos por los nuevos alcances de la acción humana, buscando y generando nuevos procedimientos para su solución.
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